Un chico resentido que encuentra en Internet la forma de sentirse poderoso. Así podría definirse al joven ruso de 21 años que creó La Ballena Azul, el juego que incita al suicidio y que ha hecho saltar las alarmas en todo el mundo. Su sed de venganza contra la sociedad solo podría saciarse con la muerte de los otros. Aun detenido, su juego se viraliza. Por Carlos Manuel Sánchez

«Sal de la cama, philipp». Una voz de mujer le dice a un chaval que se levante. Una escena que se repite en millones de hogares cada mañana. Solo que la voz de mujer no corresponde a una madre, sino a una agente de Policía. Y el joven, que se levanta a regañadientes, no es un chaval cualquiera. Se trata de Philipp Budeikin, de 21 años, el presunto creador del juego La Ballena Azul, una serie de retos que incitan al suicidio y que ha hecho saltar las alarmas por todo el mundo.

Budeikin fue arrestado en noviembre del año pasado y será juzgado por incitar al suicidio a una chica, aunque podría haberlo hecho en otros quince casos que se están investigando

El vídeo de la detención de Budeikin está fechado el 15 de noviembre de 2016. La escena tiene lugar en un piso de Solnechnogórsk, una ciudad de la periferia de Moscú. Y es el único documento fidedigno en una historia desquiciada. Una historia llena de malentendidos y exageraciones, donde lo verdadero y lo falso se mezclan en un cóctel difícil de descifrar.

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Budeikin llamó a su juego La Ballena Azul por los varamientos masivos de ballenas y su muerte agónica en las playas. Aunque las ballenas no se suicidan… Varan por la desorientación que les produce el cúmulo de sonidos como hélices y sónares

Lo que no quita para que la historia sea peligrosa. Para empezar, por su viralidad; La Ballena Azul se ha propagado como la pólvora por varios países de Europa y América. Y la preocupación ha llegado a España, donde la Policía Nacional, sin haber lanzado una alerta específica, ha pedido a los padres que extremen la vigilancia.

Saltó a la cabecera de los telediarios cuando trascendió que una menor había sido ingresada en la unidad de psiquiatría de un hospital de Barcelona después de confesar que participaba en el juego. Los profesores de la escuela donde estudia alertaron a los Mossos d’Esquadra tras advertir su comportamiento errático y se aplicó el protocolo antisuicidios. La joven confesó más tarde a su familia que se habría autolesionado siguiendo el reto. Se han dado casos similares en otras comunidades autónomas. Así que la inquietud de muchos padres está más que justificada.

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En Internet circulan miles de imágenes relacionadas: un brazo con cortes, supuestas conversaciones de WhatsApp, retratos de chicas que se habrían quitado la vida en Siberia y Latinoamérica… Es difícil saber qué es cierto y qué no

A los expertos también les preocupa que se idealice el suicidio o se pinte de manera glamurosa. De hecho, existe una fuerte polémica, en especial en el Reino Unido, con la serie de Netflix Por 13 razones, que trata de una adolescente que se quita la vida después de sufrir acoso escolar. Polémica que también ha saltado a España. Se trata de una serie dirigida a una audiencia muy vulnerable, como recuerda la Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR), que el año pasado atendió un total de 627 casos de ideación o intento de suicidio de menores y 531 casos de autolesiones, un 64 por ciento más que en 2015.

El cerebro del mal

Detrás de La Ballena Azul está Philipp Budeikin. Es el menor de tres hermanos. Hogar monoparental. Se crio con su madre, oftalmóloga. No terminó la carrera de Psicología. Por lo que dicen que contó a un medio ruso, tiene mucho resentimiento a medio digerir. La prensa de su país lo define como introvertido y fracasado. Un chico que no encaja, incapaz de hacer amigos o de echarse novia. Y que se pasa el día conectado.

Se crio con su madre, oftalmóloga, y sus dos hermanos mayores. Estudió psicología. Alardeaba de poder llevar a alguien al suicidio alterando su régimen de sueño

Bien mirado, Budeikin no es tan excepcional en una generación cuya vida cotidiana se solapa con la virtual. Lo patológico es que Internet le dio la oportunidad de dar rienda suelta a su agresividad, de obtener reconocimiento y de sentirse poderoso. Alardeaba de ser capaz de llevar a una persona a quitarse la vida usando técnicas de hostigamiento y presión psicológica. Por ejemplo, «si se altera su régimen de sueño, se le puede manipular».

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El juego consiste en ir debilitando la voluntad del participante a lo largo de 50 pruebas, que van desde el visionado de películas de terror durante horas hasta las autolesiones. Las pruebas las propone un mentor anónimo. Lanzarse al vacío desde una ventana sería la última. Budeikin desprecia a sus víctimas. Las considera «basura biológica», según habría declarado, y sostiene que su objetivo era «limpiar la sociedad». Está recluido en la cárcel de San Petersburgo a la espera de juicio. Cuando fue detenido, Budeikin habría reconocido su culpabilidad: «Sí, lo hice. Murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calor, comprensión, comunicación». Luego dijo, instruido por su abogado, que todo era una broma.

Es difícil probar si La Ballena Azul es responsable directa de los suicidios, pero lo incuestionable es que el fenómeno se ha viralizado. Ya existen variantes

¿Pero de qué se lo acusa exactamente? La Fiscalía rusa lo identifica como el administrador de varios «grupos de la muerte», foros de acceso restringido donde se banaliza la idea del suicidio. Se investiga su participación en 15 casos, pero de momento solo se le va a juzgar por uno. Sin embargo, la prensa rusa le atribuye cientos… Y una diputada incluso lo comparó con Andrei Chikátilo, el mayor asesino en serie de la historia de la Unión Soviética. A rebufo de estas informaciones, amplificadas por los tabloides británicos y las redes sociales, la psicosis se ha extendido por medio mundo.

La bola de nieve

Desentrañar la madeja es complicado. Lo ha hecho el portal Snopes, una referencia fiable en la investigación de la veracidad de las historias que circulan por la Red. Según Snopes, no hay pruebas de ningún suicidio causado directamente por el juego. El origen de la historia se remonta a mayo del año pasado, cuando el periódico ruso Novaya Gazeta dedicó un artículo a los suicidios de jóvenes, y en el que se daba la cifra de 130 entre noviembre de 2015 y abril de 2016. Una estadística que sí es veraz y preocupante. Sin embargo, el periódico también mencionaba que algunos de los suicidas habían mencionado el juego de La Ballena Azul a sus contactos en la red social VK (una especie de Facebook ruso) o lo tenían en su historial de navegación. La información tuvo una enorme resonancia, pero fue malinterpretada o, si se prefiere, ‘redondeada’ a mala uva, y muchos dieron por hecho que las 130 muertes estaban relacionadas con Budeikin y su reto.

La bola de nieve ha crecido desde entonces. Proliferan los foros que hablan o emulan a La Ballena Azul. Aparecen como setas y desaparecen igual de rápido, pero llegan a congregar a decenas de miles de usuarios; la mayoría, atraídos por la curiosidad. Incluso ha aparecido una variante del juego, conocida como El Abecedario del Diablo, en el que un niño dice una palabra que empiece con cada letra del alfabeto mientras otro le ‘dibuja’ la letra en el dorso de las manos con las uñas o, peor, con unas tijeras y cuyo primer caso denunciado ha ocurrido en Mieres (Asturias). Por eso no hay que bajar la guardia.