El hombre de la foto era enfermero en Auschwitz y miembro de las SS. Se llama Hubert Z. Ahora tiene 95 años. El Estado alemán lo ha juzgado por ser cómplice en el asesinato de más de 3000 personas. Entre ellas, Ana Frank. Por José Segovia

Hubert Z., fue acusado de ser cómplice en el asesinato de al menos 3681 personas. Entre ellas, Ana Frank, la adolescente judía alemana que alcanzó la fama gracias a su diario.

Durante el mes de septiembre de 1944, más de una docena de trenes repletos de judíos llegaron a Auschwitz-Birkenau, un campo de exterminio situado a 43 kilómetros de Cracovia (Polonia), por mandato de Hitlet. Entre los pasajeros se encontraban Ana Frank y su familia. Posteriormente, la autora del famoso diario y su hermana fueron trasladadas al campo de concentración de Bergen-Belsen, en Alemania, donde murieron.

ANNE FRANK (1929-1945). German-Jewish diarist.

 Estaba en Auschwitz cuando llegó Ana Frank. En agosto de 1944 descubrieron “la casa de atrás”, el escondite desde el que Ana Frank escribió su célebre diario. El 2 de septiembre entró en Auschwitz. La trasladaron al campo de Berger-Belsen, donde murió de tifus en marzo de 1945.

Hubert Z., viudo y padre de cuatro hijos, fue sargento de las temibles Waffen-SS y sanitario en Auschwitz-Birkenau desde agosto hasta septiembre de 1944. Tras la Segunda Guerra Mundial fue condenado, en 1948, por un tribunal polaco a más de tres años de prisión por su pertenencia a las SS. «He cumplido mi culpa», dijo cuando todavía hablaba con la prensa. Tras ser excarcelado, Hubert se trasladó a la ciudad alemana de Neubrandenburgo, donde trabajó como agricultor.

En cuanto fue acusado de crímenes contra la humanidad, en 2015, Hubert Z. se volvió ilocalizable. Dejó de coger el teléfono a los periodistas. Según el periódico Süddeutsche Zeitung, al principio negaba saber el destino que deparaba a los prisioneros, pero poco después admitió que era consciente de que en Auschwitz se cercenaban vidas en masa. Ahora permanece en régimen de prisión preventiva.

Z. asegura que él solo fue parte del engranaje. Sin embargo, el fiscal señala que sin él y otros como él la masacre no habría sido posible

Su abogado, Peter-Michael Diestel, ha criticado la decisión judicial. Asegura que su cliente ya cumplió condena en Polonia y que el deterioro cognitivo y el cuadro depresivo que presenta le impiden enfrentarse a los tribunales. Sus argumentos no han convencido a la Fiscalía. El nonagenario ex-SS se enfrentará a los tribunales  para rendir cuentas con su pasado.

La mayor matanza de la historia

Debido a su edad, el tribunal dictaminará si Hubert está en condiciones de soportar el largo proceso judicial al que se enfrenta. Aunque no ha sido acusado de estar directamente involucrado en ningún asesinato, el fiscal sostiene que Hubert no solo se alistó voluntariamente en las SS -un cuerpo militar que aceleró la ejecución de miles de personas-, sino que era plenamente consciente de las actividades de exterminio que se llevaban a cabo en Auschwitz. «En ese campo de la muerte fueron asesinadas 1.100.000 personas, de las cuales un millón eran judías, la mayor matanza masiva de la historia», recuerda el historiador británico Laurence Rees, colaborador en la cadena BBC y autor del libro Auschwitz: Los nazis y la solución final. Amparados por el humo que continuamente salía de los hornos crematorios, los guardias del campo arrancaban los dientes de oro de los cadáveres para fundirlos.

Nada debía desperdiciarse. Ni siquiera el pelo de los presos, que se usaba para el revestimiento de algunas piezas de submarino. Los SS examinaban todo, incluso la ropa interior de los prisioneros por si en ellas habían escondido objetos de valor. Los nazis encontraron montones de diamantes, oro y dinero.

Una sentencia histórica ha cambiado las cosas

Aunque a algunos alemanes les parece excesivo enjuiciar a un nonagenario por unos crímenes que quizá nunca cometió directamente, la Fiscalía alemana recuerda la extrema gravedad del caso y subraya que el simple hecho de que Hubert colaborara en un proyecto criminal de tales dimensiones hace necesario que se enfrente a los tribunales de Justicia.

Durante décadas, muchos criminales nazis han quedado impunes. El procesamiento de Hubert y de otro puñado de presuntos excriminales nazis ha sido posible gracias al juicio contra John Demjanjuk, en 2011, que hizo historia. El nazi fue acusado de haber colaborado en decenas de miles de asesinatos en el campo de exterminio de Sobibor (Polonia). Este ucraniano de 91 años, que podría ser el temible guardián conocido como Iván el Terrible, fue condenado a cinco años de prisión, aunque su muerte meses después impidió el encarcelamiento.

Convicted Nazi death camp guard John Demjanjuk leaves a courtroom after his the verdict in Munich on May 12, 2011. Convicted Nazi camp guard John Demjanjuk, 91, will be released from jail despite his five-year sentence for helping to kill 27,900 Jews at the Nazi death camp Sobibor because of his advanced age, the court said. REUTERS/Michael Dalder (GERMANY - Tags: POLITICS CRIME LAW IMAGES OF THE DAY) - RTR2MB6I

John Demjanjuk, el guardián de sobibor.Su juicio sentó jurisprudencia. Fue condenado en 2011 a cinco años por su implicación en la muerte de 28.060 judíos en el campo de Sobibor, del que apenas hubo supervivientes. Murió a los 91 años, antes de entrar en prisión.

El caso Demjanjuk marcó un punto de inflexión en la jurisprudencia alemana. Hasta entonces solo podía haber una condena por crímenes nazis si se probaba la vinculación directa del imputado. El tribunal de Múnich que sentenció al ucraniano a cinco años de prisión cambió las cosas. Y no solo eso. Facilitó la investigación de otros sospechosos. Entre ellos, el nonagenario Oskar Gröning, antiguo miembro de las SS y contable en Auschwitz, condenado en julio de 2015 a cuatro años de prisión por su complicidad en el asesinato de 300.000 personas.

Aunque Gröning alegó que él simplemente era un pequeño eslabón en el engranaje asesino, el juez Franz Kompisch subrayó que esa máquina de la muerte que fue Auschwitz solo podía funcionar si cada uno de los cientos de engranajes funcionaba con la precisión de un reloj. «Han transcurrido setenta años, pero aún se puede hacer justicia», afirmó Kompisch. Y recordó que las leyes alemanas no admiten un límite de edad a la hora de juzgar a un asesino o a su cómplice.

El ministro de Justicia, Heiko Maas, comentó que la sentencia contribuía a paliar el gran fracaso del sistema judicial alemán, que solo había sido capaz de procesar a medio centenar de los miles de SS que habían sido cómplices de los crímenes cometidos en los ‘campos de la muerte’. Pero no todo el mundo se mostró tan satisfecho como el ministro de Justicia. «El mensaje que se está enviando a las víctimas es muy triste. La condena a Gröning es simbólica, insatisfactoria e insuficiente», señaló Thomas Walther, el abogado que representó los intereses de los familiares de las víctimas. De hecho, la sentencia no garantiza que el anciano sea encarcelado debido a su precario estado de salud.

Con estos procesos, el Estado alemán trata de paliar el gran fracaso judicial del país: solo han juzgado a un puñado de SS, de los miles que hubo

Pese a todo, el fallo dictado por el juez Kompisch fue muy importante en Alemania, ya que reforzó la jurisprudencia que había marcado la anterior condena a Demjanjuk. El propio abogado de las víctimas reconoció que sus clientes sentían un cierto alivio al comprobar que la sentencia a Gröning deja expedito el camino para llevar a juicio a otros colaboradores del Holocausto que todavía siguen vivos, como es el caso de Hubert Z. y el de otros dos ancianos alemanes: Reinhold H., de 93 años, acusado de colaborar en el exterminio de 170.000 personas en Auschwitz; y una mujer de 91 años, vecina de Kiel, señalada por la justicia por su complicidad en el asesinato de 260.000 personas.

Hubert Z. Estuvo trabajando en el hospital de las SS. Los enfermeros actuaban bajo las órdenes de los médicos en los campos de concentración. Allí asesinaron a cientos de prisioneros con inyecciones de fenol.


PARA SABER MÁS

Auschwitz-Birkenau. Memorial y museo. www.auschwitz.org.